El auto-racionamiento.

05:53:00

En un informe público, la Contraloría afirma: “Los colombianos deben saber si se utilizaron correctamente los 14 billones de pesos recogidos en las facturas con el cargo por confiabilidad”. ¿Y acaso no es la Contraloría la que debería de informarnos, ya que no se lo permitieron a la Superintendencia?

Por: Editorial Crónica del Quindío.

¡Qué roben!, que somos unos berracos… aguantadores.

Los colombianos somos unos berracos, definitivamente. Ante la inminencia de un apagón, no por el fenómeno de ‘El Niño’, sino por la improvisación, el desgreño administrativo y la corrupción, aceptamos y trabajamos para corregir los desafueros energéticos del gobierno a través del ahorro de energía.

El gobierno reportó que en el tercer día de campaña de ahorro energético, se llegó a la muy buena cifra del 4.44%. “Afortunadamente están respondiendo los colombianos”, dijo ayer el presidente Santos, y añadió que hay que lograr la meta del 5 % y mantenerla. La pregunta que surge es ¿y cuándo se van a poner en cintura a los depredadores del sistema de energía nacional?

¿Quiénes son los verdaderos responsables en los montajes de las plantas hidráulicas y térmicas que deberían de estar funcionando sin contratiempos en épocas de sequía como la que vivimos? ¿Dónde están los 14 billones de pesos recaudados entre el público en el denominado cargo por confiabilidad? ¿Cuál es la verdad de las fallas en la represa de Guatapé?

Lo más delicado del asunto es que nadie sabe en qué se han invertido, ciertamente, los 14 billones de pesos de ese cargo por confiabilidad que hemos pagado los colombianos, dizque para asegurar que no se volvería a presentar un apagón en el país. Y no se sabe, según la propia Superintendencia de Servicios Públicos porque la norma que adoptó la remuneración del cargo por confiabilidad no la faculta, a la Superintendencia, para vigilar los ingresos que reciben los generadores térmicos.

La Superintendencia solo vigila que las empresas cobren las tarifas autorizadas por la regulación, más no el destino que se le dé a los recursos; sin embargo, se vigila que se cumpla con los estándares en la calidad del servicio, según lo dijeron hace unos meses en un comunicado. Pero lo más inaudito, es que la ley que les permitió a las empresas generadoras cobrar las millonarias cantidades de dinero del cargo por confiabilidad, no incluyó la vigilancia de la inversión de estos recursos. Inaudito.

¿Quién responde? Parece que nadie, porque cuando se le preguntó a la Contraloría General de la República sobre el tema, este ente de control mostró su preocupación al considerar que los usuarios regulados y no regulados han pagado de manera cumplida y responsable lo que corresponde al cargo por confiabilidad en las facturas de energía, pero no sabe cómo invirtieron esos dineros. En un informe público, la Contraloría afirma: “Los colombianos deben saber si se utilizaron correctamente los 14 billones de pesos recogidos en las facturas con el cargo por confiabilidad”. ¿Y acaso no es la Contraloría la que debería de informarnos, ya que no se lo permitieron a la Superintendencia?

Y bueno, además de este tema absolutamente escandaloso, no hay que olvidar que hace cinco o seis meses nos aumentaron las tarifas de energía de 400 pesos para los estratos de menores ingresos y de 3.000 pesos para los estratos altos durante los siguientes tres años. Dizque, porque el mercado de energía lo exigía. Sin embargo, ahora nos piden que ahorremos, que nos demos ‘la pela’, que no consumamos, con la casi amenaza de que si no lo hacemos, nos van a racionar el servicio. Y lo estamos haciendo, a pesar del desgreño y la corrupción: los colombianos somos unos berracos… aguantadores.

En el caso regional, vuelve el rumor de que podremos ser los primeros en el racionamiento, por la falta de la línea de interconexión frenada por la construcción de torres en la reserva natural Barbas-Bremen.

Está lloviendo, pero nos dicen que no alcanzarán estas aguas para llenar los embalses y evitar el apagón. Los únicos que podemos evitarlo somos los consumidores, restringiéndonos, limitándonos en el uso de energía. ¿Eso cómo se llama?: Auto-racionamiento. Es decir, con la campaña de ahorro de energía que ha lanzado el gobierno, no hay otra cosa, velada, disimulada, que un racionamiento, en este caso, aceptado e impulsado por el propio ciudadano. ¡Qué roben!, que los colombianos somos unos berracos… aguantadores.

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