Sanders y Trump prenden las alarmas entre sus cúpulas partidistas.

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Los dos precandidatos insurgentes –Bernie Sanders del Partido Demócrata y Donald Trump del Republicano– mantienen alarmadas a sus respectivas cúpulas políticas en el siguiente round de boxeo electoral en este país, que esta semana se trasladó al sur y al oeste, ante un consenso de que, hasta hace un par de meses, nada de esto se podría haber pronosticado.

Por: David Brooks / La Jornada.

Ambos precandidatos presidenciales sólo se sumaron oficialmente a las filas de sus respectivos partidos cuando lanzaron sus campañas, algo que sus contrincantes han señalado una y otra vez sin gran efecto. Sanders siempre fue un legislador independiente, aunque solía votar con sus colegas demócratas; Trump donaba a ambos partidos para promover los intereses de sus negocios –incluidos varios de sus contrincantes republicanos, como a la Fundacion Clinton, entre otros–, como él mismo lo ha señalado en sus comentarios sobre cómo funciona el sistema.

Los combates se intensifican, con señas obvias de preocupación y hasta de pánico entre el establishment político y empresarial, que sencillamente no estaban preparados para la ola de hartazgo e ira que ha impulsado a los dos candidatos insurgentes y puesto en jaque a las dos familias reales de cada partido, los Clinton y los Bush.

El próximo round está programado para el sábado 20 de febrero, cuando se realizará un concurso entre los dos precandidatos demócratas en Nevada y entre los seis sobrevivientes republicanos (de los 17 originales) en Carolina del Sur. El 23 de febrero los republicanos se enfrentarán en Nevada y el 27 de febrero los demócratas en Carolina del Sur.

Los demócratas

Nevada se consideraba, por el equipo de Hillary Clinton, como muro de seguridad para cualquier posible amenaza a su campaña después de los dos primeros concursos, y que empezando ahí lograría imponerse de manera dominante e invencible como la próxima candidata presidencial demócrata. La apuesta era que su amplísimo apoyo entre los votantes minoritarios, tanto en Nevada como en Carolina del Sur, frenaría a Sanders, quien apenas se está dando a conocer entre estos sectores.

El mes pasado, sus estrategas señalaban que gozaba de una ventaja de 25 puntos sobre Sanders. Hoy están empatados, según la encuesta más reciente.

"El pánico de Clinton es palpable", comentó Jon Ralston, decano de los periodistas en Nevada, y señaló que ahora Sanders cree "lo que antes era impensable: que él puede ganar aquí".

De repente el equipo de Clinton ha reducido las expectativas en Nevada; uno de sus voceros afirma que el estado tiene una población 80 por ciento blanca, o sea, parecida a las de los primeros dos estados donde Sanders empató o ganó. Pero ese comentario ofendió a demócratas en el estado, que subrayan que 50 por ciento de su población es no blanca. Peor aún, el intento de Clinton de reducir expectativas fue visto como una confesión, a pocos días de la contienda, de que su campaña está en apuros en ese estado.

Lo que sigue sacudiendo a Clinton es la respuesta popular al mensaje central del proclamado "socialista democrático" sobre la desigualdad económica y el control del proceso político y la economía por esa "clase multimillonaria" del 1 por ciento más rico. Su llamado a una revolución política para recuperar la democracia para las grandes mayorías como propuestas para un seguro de salud universal, educación superior gratuita en las universidades públicas y un incremento del salario mínimo a 15 dólares la hora, junto con su creciente llamado a la defensa de los derechos de los inmigrantes y las minorías, está resonando sobre todo entre los jóvenes.

Y los jóvenes –mas de 80 por ciento de los cuales le dieron su voto en Nueva Hampshire– son la clave del inesperado éxito de su campaña, y son los que muy probablemente están derrumbando el monopolio de Clinton sobre el voto latino y afroestadunidense, señalan los observadores. Con el apoyo a Sanders por algunos políticos latinos, las filas de sindicatos (aun cuando sus cúpulas apoyan a Clinton) y mensajes de apoyo de músicos como Killer Mike y, para latinos, René Pérez Juglar Residente de Calle 13, el gran muro de defensa de Clinton muestra señas de debilidad, si no desmoronamiento.

Los republicanos

Los ganchos intercambiados entre los principales precandidatos republicanos, sobre todo entre Trump, el senador Ted Cruz, Jeb Bush y Marco Rubio son como una bronca en secundaria, llena de insultos y muy poca sustancia, que incluyen algo muy parecido, literalmente, a un mentada de madre.

En su último debate el sábado pasado, Bush dijo que estaba harto de que Trump insultara a su familia, a su hermano el ex presidente, a su padre y a su madre (Trump no ha dejado de burlarse de que Bush es tan débil que había tenido que usar a su madre, de 90 años, la ex primera dama Barbara Bush, en algunos actos) y afirmó: mi mamá es la mujer más fuerte que conozco, Trump interrumpió y dijo que ella es la que debería estar en campaña y no él. Trump también se atrevió decir algo que está prohibido entre los republicanos: acusar a George W. Bush de no haber protegido a Estados Unidos de los atentados del 11 de septiembre y su decision errónea de invadir Irak.

De pronto reapareció el ex presidente George W. Bush en actos de campaña de su hermano en Carolina del Sur esta semana, en un esfuerzo por rescatarlo después de dos derrotas aplastantes en las primeras dos contiendas. Ahí, sin mencionarlo por nombre, se dedicó a atacar a Trump y afirmó que “la fuerza no es retórica hueca… la fuerza real proviene de la integridad y el carácter”, afirmó alguien que, objetivamente, no tiene gran credibilidad en esos términos.

"Chistoso que Jeb no deseaba ayuda de su familia en su campaña fallida y ni siquiera deseaba usar su apellido. Después mami, y ahora hermano!", fue uno de los mensajes por Twitter de Trump, en respuesta.

A la vez, Rubio aparentemente se está reponiendo en ese estado sureño, y tiene a su alcance un segundo o tercer lugar. Por su parte, Cruz también compite por el segundo lugar.

Todos los republicanos buscan cómo generar apoyo entre los cristianos fundamentalistas en Carolina del Sur, y por lo tanto, compiten para afirmar quién es el más cercano a Dios mientras continúan en sus ataques pocos cristianos.

Desde Las Vegas a Charleston, entre apuestas y biblias, a esta contienda sorprendente aún le faltan muchos rounds.

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