Reficar. el escándalo de los 25 billones.

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Cuando se afirma que la modernización de la Refinería de Cartagena costó 1.5 veces lo que valió la ampliación del canal de Panamá. Cuando se afirma que hubo un incremento del 100% en el costo de esta obra frente al presupuesto inicial.

Por: Redacción Ola Política.

Cuando las autoridades de control fiscal empiezan a buscar a los culpables de posibles sobrecostos por 4.000 millones de dólares (dos veces el precio de venta de Isagen). Cuando todas estas cosas van apareciendo día tras día, es evidente que hubo una mala planeación y no se descarta que la corrupción haya tocado esta, la inversión más emblemática del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, que no fue capaz de concluir.

Pero aunque el comienzo del caos se inició con Uribe y su equipo económico, no es menos cierto que en el gobierno Santos el desastre siguió su marcha, y con la excepción de un golpe en la mesa del exministro Juan Carlos Echeverry ante la laxitud del manejo económico de las obras en la Refinería, nadie tomó medidas contundentes para evitar el desangre.

El Contralor General, Edgardo Maya Villazón, ha puesto el dedo en la llaga de uno de los peores acontecimientos en el manejo de proyectos financiados con recursos públicos. Muchos prohombres del país están en el ojo del huracán, y tendrán que dar explicaciones como el expresidente de Ecopetrol Javier Gutiérrez, el gerente de REFICAR, Orlando Cabrales; los cuatro ministros de Hacienda que ha tenido el país en los últimos nueve años, periodo en el cual también hubo seis ministros de Minas y Energía.

Lo acontecido con la Refinería de Cartagena no puede quedar únicamente como una anécdota más en la picaresca política nacional. Los colombianos tienen el derecho de saber con precisión qué fue lo que ocurrió para que esta obra hubiese comprometido recursos tan multimillonarios, e incluso esté poniendo en aprietos financieros a Ecopetrol con una cuantiosa deuda en el exterior.

No sólo los altos funcionarios de los gobiernos de Uribe y Santos deben responder. También los miembros de la Junta Directiva de Ecopetrol; los contratistas, a muchos de los cuales les reajustaron decenas de veces el valor de sus contratos; los inversionistas internacionales; los responsables de los estudios técnicos y financieros; y la banca de inversión. En fin, todos tienen que aclarar sus actuaciones.

El escándalo de REFICAR llega en un momento crítico, en el cual las otrora vacas gordas de la industria petrolera, están anémicas, y las finanzas del Estado, hace un año muy boyantes, ahora en total déficit y con perspectivas de empeorar.

Los ciudadanos no van a perdonar que los dineros públicos, que debieron ser bien tramitados en favor de proyectos de alto impacto social, se hayan esfumado en la construcción de una obra muy importante, que resultó ser un desastre técnico y económico monumental, y donde la tasa de retorno de la billonaria inversión, si las cosas vuelven a la normalidad económica, tardará por lo menos 15 años.

Ahora que la Contraloría se metió de frente a investigar este escandaloso caso, los colombianos están esperando resultados prontos y contundentes. Y para que esto sea posible, es necesario rodear de todas las garantías al contralor Maya y a su equipo. Y no sólo de garantías, sino también de apoyo social y político.

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