¿Qué pasa en los acercamientos en cursos con el ELN?

09:41:00

En los últimos días ha habido grandes especulaciones acerca de lo que puede estar sucediendo con el ELN, especialmente porque no se ha formalizado una Mesa de Conversaciones con esta insurgencia. 

Por: Alejo Vargas Velásquez / Ola Política.

Que no está listo para la paz, dicen unos. Que está dividido el ELN dicen otros. Que está ‘reclutando’ los hipotéticos disidentes de las FARC, afirman los de más allá. Que por qué no ha hecho ‘cese del fuego’ y sigue realizando acciones violentas, especulan los de más allá.

Por supuesto nosotros tampoco tenemos respuestas a la pregunta que titula este análisis, pero vamos a intentar contribuir con unas reflexiones ordenadas aportar elementos para entender porque las aproximaciones entre el Gobierno y el ELN van en lo que van. Esto a partir de un seguimiento sistemático de la información relacionada, incorporando tanto lo histórico como lo coyuntural.

En primer lugar, hemos dicho, junto con varios analistas, que no se puede desconocer que las dos insurgencias, FARC y ELN, son diferentes. Esto hay que tomarlo en serio y no solo como se recita coloquialmente pero sin entenderlo a cabalidad; especialmente para el Gobierno y sus negociadores, así como también para los medios de comunicación. El ELN es una organización más federativa y por consiguiente el proceso de toma de decisiones conlleva discusiones, acuerdos y consensos, que no se parecen para nada a cómo funciona una organización más centralizada y jerárquica-piramidal, como es el caso de las FARC. No se trata de que ‘Gabino’, el máximo comandante del ELN no tenga capacidad de mando, o que ‘Pablito’ el comandante del Frente de Guerra Nororiental y miembro del Comando Central (COCE) esté obstruyendo la posibilidad de las conversaciones, es que al interior del ELN, suponemos se está llevando a cabo una discusión acerca de los alcances de las conversaciones con el Gobierno y la metodología y esto en las condiciones de la clandestinidad no tienen la fluidez que sería de esperarse en condiciones normales. El rol del COCE dentro del ELN es un poco diferente al que cumple el Secretariado en las FARC, justamente por las características diferenciales de las dos organizaciones.

En segundo lugar, las dos insurgencias son diferentes en la manera como se relacionan con los sectores sociales, incluso como se perciben a sí mismas. El ELN siempre ha dicho que ellos no son los representantes, ni vanguardia –al estilo leninista- de los sectores sociales, que ellos tienen sus propias representaciones. Por eso la manera como se imagina el ELN la participación de la sociedad en un proceso de conversaciones para terminar el conflicto armado, sin duda es diferente, cualitativa y cuantitativamente, a como se ha dado en el caso del proceso con las FARC.

En tercer lugar, cuando se asume y recalca que el caso del ELN hay que tomarlo en serio como diferente al de las FARC, significa que una cosa es lo que se ha avanzado con las FARC en la Mesa de La Habana, que sin duda ha sido muy importante y positivo, pero lo que ha sucedido allí no puede ser la vara para medir el proceso con el ELN. Por ejemplo, en las conversaciones con las FARC, después de más de dos años de estar sentados en la Mesa de Conversaciones, las FARC toman la decisión unilateral de un cese de operaciones militares, que sin duda ha influido muy positivamente en la situación de hechos de violencia en los territorios, pero eso no se le puede exigir al ELN de entrada –aunque sea lo deseable, por las vidas que se conservan y porque sin duda ayudaría a crear un ambiente más positivo en la sociedad-, porque implicaría colocar un difícil obstáculo a que las conversaciones comiencen a fluir entre el Gobierno y esta insurgencia.

En cuarto lugar, probablemente después que se formalice la Mesa de Conversaciones Gobierno y ELN y las cosas tomen su dinámica propia, se podrá plantear el tema de desescalamiento del conflicto armado, incluida la posibilidad de ceses del fuego y de hostilidades. Es decir, no se puede suponer que con el ELN es simplemente decirle súbase a ese proceso con las FARC que ya está avanzado, si se actúa así por parte del Gobierno y/o de los medios de comunicación, seguramente las posibilidades de una frustración serían altísimas. Hay que entender que se trata de un proceso con una dinámica propia que hay que dejarla que fluya. Si se optó deliberadamente por el Gobierno desde el inicio, que era mejor iniciar conversaciones con la insurgencia más grande –se dijo por parte de alguien que el ELN enredaba hasta un aplauso- y luego ver como se manejaría el caso del ELN, creo que hay que asumir esto con realismo y dejar que el proceso del ELN con otra velocidad y a otro ritmo, viva su propia dinámica. A lo mejor, una vez iniciada las conversaciones con el ELN se podría pensar en combinar el cese bilateral y definitivo entre FARC y Gobierno con un cese bilateral transitorio con el ELN, pero eso debe ser parte de lo que se acuerde en la Mesa de Conversaciones.

En quinto lugar, hay que entender la importancia estratégica que para el ELN significa Venezuela; en la frontera con este país –no desde el gobierno Chávez, sino históricamente- el ELN ha tenido frentes guerrilleros estratégicos en Arauca, el Catatumbo, la Serranía del Perijá, con lo cual, como sucede en muchos conflictos de este tipo, Venezuela se convierte en una retaguardia estratégica. Si sumamos a esto la simpatía ideológica que sin duda tiene el ELN con la llamada ‘revolución bolivariana’, eso explica porque seguramente al ELN le gustaría que las conversaciones fueran en ese país y no tener que ponerse en manos de las autoridades colombianas para los traslados, teniendo la normal desconfianza existente en una relación de enemigos. Ahora bien, para el gobierno colombiano es muy difícil, en medio de la polarización política existente en Venezuela aceptar que ese país sería una sede adecuada, a pesar de que el Presidente Santos siempre ha reconocido el importante rol jugado tanto por el Presidente Chávez como por el Presidente Maduro para la paz de Colombia. Ese es un tema grueso que deben resolver las dos partes.

Finalmente, es un secreto a voces que algunos miembros del equipo negociador del Gobierno no han sido los más adecuados, que no han logrado construir un ambiente y un ritmo en la Mesa para que las conversaciones avancen; probablemente también al equipo negociador del ELN y a la organización en su conjunto les haga falta mirar la realidad política colombiana con mayor realismo: Sin desconocer que cada parte es autónoma para escoger a quien quiera para que los represente en la Mesa de Conversaciones, no está de más que se tenga en cuenta que un equipo negociador con madurez, suficiente nivel de representación política y experiencia, puede ser un factor que ayude a manejar adecuadamente un proceso de por sí complejo y en medio de otro proceso, el del Gobierno y FARC, que va a estar para ese momento iniciando su fase de implementación de acuerdos.

Ojala más temprano que tarde se formalice este proceso de conversaciones y vivamos el desafío de sacar adelante dos procesos de cierre del conflicto armado con insurgencias distintas y temporalidades diferentes.

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