¿Otra bonanza marimbera?

11:54:00

Han pasado más de cuatro décadas desde cuando Colombia apareció en el radar de los consumidores de narcóticos del mundo entero.

Por: Ricardo Ávila / Portafolio.

La popularidad de variedades de marihuana como la Santa Marta Gold, cultivada en la Sierra Nevada del mismo nombre, se tradujo en una demanda que a su vez disparó los cultivos de la planta. Poco después, el turno sería para la cocaína, cuyo tráfico ilegal, asociado a las poderosas mafias que surgieron con el fin de controlar los diferentes eslabones de la cadena, transformó la historia del país para siempre.

Uno de los primeros síntomas de que las cosas estaban cambiando fue la gran afluencia de dólares con destino al mercado negro. En ese momento se habló de la bonanza marimbera, que tuvo su expresión más fehaciente en fortunas hechas de la noche a la mañana que variaron las relaciones de poder económico y político en vastas zonas del territorio. La violencia y las organizaciones criminales son una secuela de esa época que todavía se siente y cuyo combate demanda incontables recursos presupuestales y humanos.

A la luz de ese balance, no deja de ser irónico que ahora Colombia tenga la posibilidad de convertir una maldición en algo positivo. Esa es la oportunidad que existe si nos tornamos en exportadores de aceite de cannabis, que es rico en cannabidiol (CBD), cuyos usos médicos van en aumento. El compuesto es utilizado para tratar los dolores crónicos, la epilepsia o inhibir el crecimiento de las células cancerígenas.

Y cada vez se le abren más puertas al CBD. A comienzos de enero, las autoridades de Nueva York autorizaron su prescripción, con lo cual 22 estados de la Unión americana lo permiten para fines medicinales. Canadá cuenta con una legislación más amplia, mientras que México lo acaba de aceptar en dos casos, lo cual puede ser el primer paso de algo mucho más amplio.

Mientras ese proceso ocurre y las investigaciones científicas se suceden, es claro que hay un enorme negocio potencial en el cultivo de la marihuana con este fin. Una búsqueda en internet revela que un gramo de aceite se ofrece entre 40 y 60 dólares, aunque proveedores más confiables cobran más.

Debido a ello, la compañía PharmaCielo, de origen canadiense, presentó el martes una solicitud para obtener una licencia de cultivo de plantas de cannabis, y otra para la producción y fabricación de extractos. La petición está amparada en la ley y particularmente en el Decreto 2467 del 22 de diciembre pasado, que estableció los requisitos para conseguir las autorizaciones.

Según los empresarios, las ventajas naturales que ofrece el territorio nacional son muy similares a las que lo han posicionado como un vendedor de flores de talla global: su cercanía a la línea ecuatorial le asegura 12 horas de luz a la planta, al tiempo que el régimen de lluvias es generoso. Además, el desarrollo de la floricultura y el conocimiento logístico son activos que nos hacen competitivos, sobre todo en comparación con lugares que deben compensar con lámparas su falta de sol.

Como si eso fuera poco, las cifras del proyecto, que aspira a comenzar cuanto antes, son tan buenas que despiertan más de un sentimiento de incredulidad. Un cálculo a mano alzada muestra que las 600 hectáreas de marihuana que serían cultivadas, generarían ventas al exterior superiores a los 50.000 millones de dólares anuales, además de 12.000 empleos en la zona de Rionegro (Antioquia), en donde estarían las plantaciones y la fábrica para extraer el aceite.

Si bien es probable que las cuentas estén infladas, debido a que el mercado del CBD no es transparente y la oferta es limitada, el emprendimiento vale la pena, incluso si la realidad llega a ser una fracción de lo proyectado. A fin de cuentas, de lo que se trata es de aprovechar las posibilidades que tenemos en materia de agroindustria, y si esta genera una nueva ‘bonanza marimbera –legal y que pague impuestos–, pues tanto mejor.

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