Leer a Frechete es importante.

19:45:00

Myles Frechete fungió como embajador de los Estados Unidos en Colombia entre 1994 y 1997, durante los años del gobierno de Ernesto Samper y el turbulento escándalo del proceso 8000. El periodista colombiano Gerardo Reyes publica un libro con varias entrevistas recientes con él, que contiene revelaciones y opiniones sobre Colombia.

Por: Gabriel Angel / Paz Farc- EP

El libro de editorial Planeta tiene como fecha de impresión noviembre de 2015, y lleva por título Frechette se confiesa, tiene 263 páginas y está construido de tal manera que invita a leerlo de una sola sentada. El ex embajador norteamericano más polémico de la historia se expresa en él con absoluto desparpajo, defendiendo como es natural a su país y sus políticas.

Frechette pone de relieve las aspiraciones de los Estados Unidos frente a nuestra realidad nacional, develando cómo los intereses de su país están por encima de cualquier consideración. Vino a Colombia con tres propósitos, acabar el cartel de Cali, garantizar que fuera Rosso José Serrano Cadena el director nacional de la Policía y restablecer la extradición de colombianos.

Y se fue satisfecho por haber conseguido cuánto se proponía. Pero son variadas sus percepciones sobre los más diversos temas. Sorprende con sus declaraciones, como cuando se refiere al proceso de paz de La Habana. En la página 247 se puede leer:

“…Llegar a un acuerdo es posible, pero ¿que se cumpla? muy difícil, muy difícil. Si yo fuera las FARC a sabiendas de que va a tomar varios períodos presidenciales, no entregaría todas mis armas porque uno nunca sabe si a uno de sus presidentes se le ocurre cambiar de prioridades y deja a las FARC colgadas de la brocha…” ¿Quieren los Estados Unidos que sigamos ese consejo?

Más alarmante aún lo que afirma con relación a la vida de los excombatientes guerrilleros. Lo hace al referir sus relaciones personales con el actual ministro del interior, Juan Fernando Cristo. Es toda una novela lo que constituyeron sus relaciones con los seguidores de Ernesto Samper. Pero refiriéndose a un diálogo sostenido en Washington con Cristo, cuenta en la página 95:

“…La otra pregunta, le dije, el general Mejía acaba de dar una entrevista muy interesante en Semana, donde dice que él es un soldado, que no se mete en política y que él va a cumplir cabalmente lo que le ordene el Presidente. (…) pero después, en un párrafo que me llamó la atención, dijo: nosotros garantizamos la seguridad de los guerrilleros desmovilizados. Claro, a otro perro con ese hueso. A esa gente los van a asesinar, tal vez no a tantos como la UP, y yo no creo que el Ejército pueda decir yo te garantizo la vida. Pero no es porque Mejía sea mala gente, es la naturaleza humana. Pero después dice que vamos a traer fuerzas especiales del exterior para proteger a los desmovilizados ¿Fuerzas especiales? El hecho es que Colombia hoy en día tiene el ejército más grande de América Latina. Son muy orgullosos de eso. Pero yo estoy seguro de que lo generales no quieren que sus soldados, muy bien adiestrados y provisionados, se conviertan en escoltas…”

¿Tiene o no una importancia fuera de lo común lo que está diciendo el ex embajador Frechete, uno de los mejores conocedores del mundo político y militar colombiano? Que sostenga que ve muy difícil, por parte del Estado, el cumplimiento de los acuerdos que se firmen con las FARC, y que luego afirme que los guerrilleros van a ser asesinados, ¿no llama la atención de nadie?

No es un comunista fanático quien está hablando. Frechette no deja dudas respecto a que los guerrilleros serán barridos a tiros. Cuenta con evidente malicia, que a José Santacruz Londoño lo mató la Policía, por encima de la petición formal del Departamento de Estado norteamericano para que lo capturaran vivo, pues requerían información de él. Y lo hace así, en la página 159:

“¿Quién le pedía que no mataran a Santacruz para poder interrogarlo?”

“Fue el Departamento de Estado. Obviamente con base en discusiones con otras agencias. Claro, Serrano siempre sonriéndose, no, qué va ¿matarlo? Los policías son iguales en todas partes del mundo. Si uno mata a un policía aquí, ojo porque la policía lo va a perseguir hasta matarlo a usted”. Blanco es, gallina lo pone, Frechette señala de dónde provendrán los golpes y quiénes se harán como siempre los de la oreja gocha. La naturaleza humana, dice él.

Mientras los intereses de los Estados Unidos marchen por buen camino, su gobierno siempre se hará el que no ve. Gerardo Reyes le pregunta benévolamente por las autodefensas, ya surgidas por aquellos años, y si el Departamento de Estado, el de Justicia o el de Defensa apoyaba esos grupos. Responde en la página 216:

“No, pero no se oponían, porque decían es un asunto interno, el rollo que tenemos nosotros en Colombia es el narcotráfico la guerrilla, y entonces si estos tipos se oponen a eso, bienvenidos, somos aliados, aunque no nos demos la mano, pero no era una cosa… incluso nunca fue una cosa que alguien me dijera en los términos que yo acabo de decírselo, pero la cosa es que uno va a un país como Colombia y no puede simplemente empezar a meterse en todo…”

Igual filosofía aplica con Álvaro Uribe. Reyes le pregunta a Frechette, tras una conversación previa en la que el asunto queda claro, cuánto sabía el gobierno de los Estados Unidos del grado de complicidad de Uribe y su gobierno con el paramilitarismo. Él explica en la página 137:

“Yo no sé cuánto sabrán porque ya no estoy en el gobierno, no tengo acceso a esa información pero no tengo la menor duda de que están muy bien enterados. Lo que pasa es que Colombia es un success story, como dicen en inglés, es un éxito de política exterior para los Estados Unidos. No quieren tirarles piedras a personas que ayudaron en eso y Álvaro Uribe es uno”.

Es el punto de vista de un funcionario jubilado del Departamento de Estado, alguien que no habla oficialmente a nombre de su gobierno. Pero es claro que este tipo de cosas no salen por salir.

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