La refrendación ciudadana no implica una constituyente.

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En la actual fase decisiva y final de negociación en La Habana las partes tendrán que tener la capacidad de conseguir pronto un consenso al respecto de la forma de refrendación ciudadana de los acuerdos de paz, como lo deben hacer frente al conjunto del tema Fin del Conflicto y sobre los pendientes que han quedado de los distintos temas antes negociados.

Por: Alvaro Villarraga / Semanario Caja de Herramientas.

Con referencia a los acuerdos de paz continúa un intenso debate sobre la forma de refrendación ciudadana de ellos y sobre la pertinencia o no de convocar una Asamblea Nacional Constituyente. Es claro que los acuerdos legalmente no están obligados a refrendarse, es un reto político loable que asumen las partes y que le dará legitimidad y fuerza vinculante a su contenido. Aún la mesa de La Habana no ha definido la forma de la refrendación, la cual es preciso respaldar. Muy posiblemente no sea una Constituyente pues su misión no sería refrendar sino que tendría autonomía para variarlos sustancialmente, lo que pondría en alto riesgo la valiosa labor conseguida. Posiblemente sea una forma original entre plebiscito y consulta popular, sin las limitaciones e inviabilidades que tiene la forma legal existente del primero y sin la limitación a la temática territorial del segundo.

Es de recordar que el gobierno tuvo que variar su propuesta inicial de un referendo tras caer en el vacío la iniciativa legislativa al respecto, una vez que calculó de manera apresurada los tiempos y que la iniciativa no tenía consenso en la mesa sino que obedecía a una iniciativa unilateral. Las FARC aunque siguen proponiendo una Asamblea Nacional Constituyente, en varios pronunciamientos han flexibilizado su posición al respecto e incluso resultó significativo que la incluyeran en su programa político, para impulsar su nuevo movimiento político en la legalidad, lo que implica que sería un propósito mediato. Desde hace tres años se discute que ni conviene el referendo porque desvertebraría los acuerdos con la posibilidad de aprobar o no cada uno de sus componentes, ni conviene la Constituyente que significaría admitir una renegociación total de los acuerdos con un ente de composición política incierta y no necesariamente favorable a lo pactado con tanta dificultad.

Desde el año pasado el Congreso retomó la idea expuesta con anterioridad en el debate sobre la posibilidad de recurrir a un plebiscito o a una forma de consulta popular, bien dentro de los mecanismos ordinarios, o de una forma original, o incluso como una forma de ejercicio político simbólico, pero de manera que se someta a las urnas el dilema entre aprobar (SI) o no aprobar (NO), el conjunto de los procesos de paz. Desde esta postura además, se ha advertido que lo deseable sería que ésta forma de refrendación ciudadana incluyera los pactos finales conseguidos tanto con las FARC como con el ELN, posibilidad que se ha alejado seriamente, ante el desfase existente, entre la cercanía de la finalización de las negociaciones con la primera guerrilla y la dilación por casi dos años del inicio de las negociaciones con la segunda.

Siempre ha sido claro que no es una obligación legal sino una iniciativa política convenida entre las partes, el someter los acuerdos de paz al voto ciudadano. Este recurso los dota de legitimidad, movilización y participación ciudadana a su favor, sostenibilidad por cuanto compromete los órganos del poder público con esta forma de mandato ciudadano y además, si tiene forma legal definida, conllevaría a consecuencias de carácter vinculante ante el propio gobierno y la agenda legislativa. En determinado momento, a propósito de la iniciativa de Comisión Legislativa del gobierno, inicialmente sin alusión a este ejercicio de refrendación, se cuestionó si se mantenía desde el ejecutivo este compromiso.

El gobierno respondió que sí se refrendarían los acuerdos: “Nunca en los tres años que llevamos he dicho que me voy a bajar de esa promesa. Lo vuelvo a ratificar: va a haber un proceso de refrendación”. (“Gobierno dice que refrendará la paz”. Declaración del presidente Juan Manuel Santos”. El Espectador, 11 de septiembre de 2015, página 5). A renglón seguido el jefe negociador Humberto de la Calle precisó que estaba en discusión cual sería la forma de ese mecanismo: “Podemos utilizar algunos de los mecanismos vigentes, mecanismos nuevos, ser creativos en esta materia. Pero la promesa presidencial es intangible”. (“Gobierno dice que refrendará la paz”. El Espectador, 11 de septiembre de 2015, página 5).

De manera explicable el gobierno, los partidos políticos partidarios del proceso de paz y otros sectores temen a la refrendación dado el riesgo de no alcanzar el umbral en las actuales condiciones políticas del país y ante las inadecuadas exigencias legales establecidas. Además, aunque la paz implica el más amplio consenso a su favor que debería incluir a todas las vertientes de la oposición, por las razones referidas esta situación tampoco parece realista de alcanzar. De allí que en los últimos meses de 2015 se abrió un debate en el Congreso sobre la propuesta de contar con una iniciativa que pueda dar respuesta con legitimidad y transparencia en las reglas de juego, pero también con realismo al respecto.

En tal sentido el jurista y defensor de DDHH Rodrigo Uprimny propuso no adoptar como criterio el umbral de participación (UP) que dadas las condiciones centra el interés en el casi inviable logro actual de cumplirlo, dado el alto nivel de abstención predominante, de forma que podría injustamente fracasar un plebiscito dado el bajo grado de participación electoral tradicionalmente existente y a pesar de tenerse notoria mayoría a favor. Por tanto, propone centrarse en el umbral de aprobación (UA), de forma que se otorguen iguales garantías y condiciones para los partidarios del SI y del NO, lo que habilitaría a recurrir legítimamente en un umbral de aprobación acorde con un volumen de participación realista, incluso como estrategia de enfrentar la debilidad existente en la participación ciudadana ante los asuntos de interés público.

“…los UP paradójicamente estimulan la abstención pues los opositores de un referendo pueden preferir no votar en contra, con la esperanza de que no se alcance el umbral. Eso no es bueno para la democracia y por ello son preferibles los UA, que no tienen un sesgo pues sólo se cuentan los votos favorables para el umbral…”. (“Umbral para la paz”, Rodrigo Uprimny. El Espectador, 6 de diciembre de 2015, página 61).

En la actual fase decisiva y final de negociación en La Habana las partes tendrán que tener la capacidad de conseguir pronto un consenso al respecto de la forma de refrendación ciudadana de los acuerdos de paz, como lo deben hacer frente al conjunto del tema Fin del Conflicto y sobre los pendientes que han quedado de los distintos temas antes negociados, de forma que puedan cumplir con el compromiso histórico convenido y publicitado del 23 de marzo próximo. En todo caso, resulta recomendable distinguir entre la necesidad de contar con un mecanismos expedito y directo de refrendación ciudadana, de la propuesta de convocar una Constituyente en la que paradójicamente coinciden actualmente sectores políticos de la izquierda con un propósito democratizante y sectores de la extrema derecha opuestos a los acuerdos de paz y con anhelo autoritario y regresivo.

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