La izquierda y la reincorporación política de las indulgencias.

06:24:00
La gran mayoría de la izquierda y otros sectores democráticos seguramente se van a agrupar alrededor de ese nuevo referente político que se va a generar post-desmovilización de las indulgencias.

Por: Alejo Vargas Velásquez / Ola Política.

No hay duda para cualquiera que conozca, o pretenda conocer, el abc de los procesos de terminación concertada de conflictos armados internos, que el objetivo central de los mismos es lograr que la organización armada, que actúa en la ilegalidad, como resultado del proceso y previa dejación de las armas y aceptación de las reglas de la democracia, se transforme en un movimiento o partido político que actúe dentro de la vida política legal. Y esto va a producir efectos en el conjunto del sistema de partidos políticos, pero con especial impacto en el campo de la izquierda.

Así sucedió en los años 80s del siglo anterior con la creación de la Unión Patriótica, producto de los acuerdos entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC, en ese momento la izquierda pasó de contar con un Representante a la Cámara y un Senador, a tener entre Senadores y Representantes a 16 congresistas –incluyendo las coaliciones-, lo cual fue un salto importante de la marginalidad tradicional; es importante recordar que alrededor de la Unión Patriótica se agrupó la mayoría de la izquierda e incluso sectores del liberalismo, unas facciones de la izquierda se mantuvieron al margen, como seguramente sucederá hoy día. A finales de los 80s, en el proceso del gobierno de Virgilio Barco con el M-19 (Movimiento 19 de Abril), surgió la Alianza Democrática M-19, que en las elecciones para la Asamblea Constituyente de diciembre de 1990 –aclarando que la convocatoria de este Asamblea Constituyente no tuvo ninguna relación directa con las negociaciones con el M-19- tuvo la lista más votada individualmente (29% de los votos totales); la lista de la Alianza Democrática M-19 agrupó a exguerrilleros del M-19, del conservatismo, antiguos miembros del Partido Comunista, algunos representantes de la cultura y el deporte.

La experiencia de las alcaldías de Bogotá puede ser interesante tenerla en consideración. La capital viene de tres alcaldías, no propiamente de izquierdas, pero sí alternativas a las tradicionales. Primero la de Lucho Garzón, que fue elegido por un movimiento amplio que tiene como antecedentes el Frente Social y Político –que pretendía inicialmente una izquierda amplia, no dogmática y moderna- y luego el Polo Democrático Independiente (PDI). Pero el énfasis de esta alcaldía, más que ser una de izquierda, fue el de una Bogotá con sentido social e incluyente. Luego viene la alcaldía de Samuel Moreno, elegido por el Polo Democrático Alternativo (PDA) –recordemos que fue el resultado de la integración, un poco forzada quizá, entre el PDI y Alternativa Democrática- y que desafortunadamente produjo los desastres de corrupción y descredito que conocemos. Justamente Gustavo Petro fue uno de los denunciantes más claros de la corrupción de esta alcaldía y es en parte por eso elegido con su movimiento Progresistas, después de su salida del PDA.

Hoy día tenemos a la izquierda política-electoral fragmentada en por lo menos tres segmentos, el PDA –que recordemos, sigue siendo una coalición de corrientes o facciones de izquierda-, un sector de la Alianza Verde y Progresistas. Pero al margen existe un sector, no sabemos si más importante, de la izquierda social y política y que representan movimientos como Marcha Patriótica y el Congreso de los Pueblos, además de otros sectores sociales y sindicales. Adicionalmente sigue teniendo una presencia simbólica la Unión Patriótica. Por lo tanto es por lo menos pretencioso, por no decir que ajeno a la verdad, que alguno de estos sectores políticos se reclame la representación de una izquierda política en Colombia. Todos representan un fragmento de la misma, pero es la capacidad de aglutinarse lo que realmente podría reflejar la verdadera representación de la izquierda política colombiana.

Es a ese panorama al cual van a llegar el o los movimientos políticos que surjan de los procesos de conversaciones con la guerrillas de las FARC y el ELN, previa su dejación de armas y su ingreso a las reglas de la democracia. Al respecto me atrevo a plantear una hipótesis: es probable que las FARC y el ELN, de manera conjunta que sería lo deseable, o por separado, van a crear un movimiento político que se va a convertir en un verdadero factor de agrupación de la mayoría de la izquierda política y que es probable se vuelva un referente político-electoral significativo y ojala que así sea, porque algo que requiere con urgencia nuestra democracia es una izquierda política con vocación de poder. Por ello hay que saludar las reuniones que se han venido adelantando, tanto en Bogotá como en La Habana y una vez se inicie la Mesa Pública con el ELN, con los dirigentes de esa otra organización, por congresistas, concejales y dirigentes de distintas vertientes de la izquierda política para ir visionando el camino futuro de convergencia.

Seguramente alguna facción de la izquierda se marginará por múltiples razones, por históricas diferencias, por problemas ‘principistas’, porque aspiran a mantenerse ‘incontaminadas’, por sectarismos, pero bueno eso será probablemente inevitable.

La gran mayoría de la izquierda y otros sectores democráticos seguramente se van a agrupar alrededor de ese nuevo referente político que se va a generar post-desmovilización de las insurgencias. Pero ese bloque político tiene la tarea, desde ya, de acompañar políticamente las conversaciones, de contribuir a ‘desnudar’ y rebatir muchos de los argumentos sin base de los adversarios del proceso de conversaciones y que en el fondo lo que temen es que la izquierda, liberada una de sus partes, del problema de la lucha armada, se convierta en un aglutinador de las mayorías nacionales, con un programa amplio de propuestas realistas y que esté en capacidad de cumplir y en esa medida una opción de llegar al gobierno en el mediano plazo.

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