Urge superar la demorada exploración Gobierno-ELN.

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Es innegable que la guerra interna no se cierra si no se pacta la paz con las dos guerrillas que mantienen el alzamiento.

Por: Álvaro Villarraga Sarmiento / Fundación Cultura Democrática

A pesar de la importancia y alto impacto del acuerdo general y definitivo que consigan Gobierno-FARC, hecho histórico que alegra y que debe apoyar y refrendar la ciudadanía, el imprescindible el acuerdo Gobierno-ELN, de lo contrario se prolongará la ambivalencia entre una guerra no generalizada ni generalizable y progresivamente rechazada y una paz parcial y con serios riesgos.

Colombia no tuvo proceso de paz global, cada fracción insurgente realizó y realiza su propio pacto de paz. Fue importante lo conseguido con parte importante de la insurgencia al punto que constituyó un factor determinante para la reforma política democrática que entregó la Constituyente de 1991, pero el conflicto y la violencia se prolongó hasta el presente. Urge por tanto que Gobierno y ELN inicien ya la mesa de negociación y consigan pronto otro acuerdo general y definitivo para que haya convergencia y complementariedad de acciones en el proceso de paz.

Con la importancia que reviste la paz con las FARC por ser la insurgencia más histórica y de mayor capacidad bélica y de actuación en los territorios, sin que se produzca a la vez el pacto de paz con el ELN, no se podrá cerrar el ciclo de la guerra civil de las últimas décadas, correría riesgos la fase pos-acuerdo con las mismas FARC y se prolongaría la coyuntura histórica de simultaneidad y ambivalencias entre los proyectos de la paz y de la guerra. Por supuesto que el Estado no garantizaría por razones evidentes el paso de la disposición y los planes de guerra, a la política y las reformas del sector de seguridad y de la fuerza pública posbélicas.

La fase exploratoria Gobierno-ELN se inició en enero de 2014 y a diciembre de 2015 cumplió dos años sin concluir el acuerdo esperado sobre agenda, reglas de juego, mesas de negociación, acompañamiento de la comunidad internacional y formas de contribución y participación de la sociedad. Es sin duda una prolongación excesiva y que debilita con el paso del tiempo las posibilidades de confluencia y acciones que deberían ser conjuntas con relación a los dos pactos de paz como la refrendación ciudadana, la Comisión de la Verdad, el marco jurídico, iniciativas de reformas políticas y sociales. Así mismo, en seguridad y superación del conflicto en numerosas regiones habría inviabilidad si con las FARC se consigue cese bilateral y definitivo y se avance al desarme y la reintegración de excombatientes mientras subsiste el conflicto con el ELN.

En agosto 2015 el comandante general del ELN Nicolás Gabino declaró que el 90% de la agenda estaba pactada, la exploración se desarrollaba desde el año anterior mediante ciclos que rotaban entre Ecuador, Brasil y Venezuela. Incluso un mes después lo dejó entrever de forma más inmediata una nueva declaración del comandante “Gabino”: “…nos falta el 3% para instalar la mesa formal de negociación (…) muy pronto tendremos buenas noticias”. (Entrevista con el comandante del ELN Nicolás Rodríguez, Canal Capital, 11 de septiembre de 2015). Según versiones que trascendieron los temas de la agenda serían: 1. Participación de la sociedad. 2. Democracia para la paz. 3. Transformaciones para la paz. 4. Víctimas. 5. Fin del conflicto armado. 6. Implementación. (“En tanto el proceso de paz no exista en fase pública no es viable”. Entrevista al comandante Antonio García. Víctor Currea-Lugo. El Espectador. 29 de noviembre de 2015. Página16).

Han existido rumores sobre la inmediata instalación de la mesa Gobierno-ELN, el último de que sería en Caracas pero al parecer por el cierre de la frontera por parte de Venezuela y la tensión tras la deportación arbitraria de familias colombianas, señaladas indiscriminadamente de tener nexos con paramilitares, habría frustrado esta posibilidad, incluso cuando se reconocía al presidente Nicolás Maduro como facilitador con esta guerrilla. UNASUR, Ecuador y Uruguay tuvieron que mediar para que retornaran los embajadores y se restableciera el entendimiento entre Colombia y Venezuela. Pero esta situación habría obligado a cambiar la sede definida. Además, los opositores al proceso de paz ante esta situación exigieron al gobierno rechazar el rol facilitador de la República Bolivariana de Venezuela y a UNASUR como participante en las conversaciones en perspectiva de las acciones de veeduría de los acuerdos.

El gobierno no puede equivocarse pensando que el proceso de paz con el ELN es una repetición en menor escala del desarrollado con las FARC. Debe entender que son organizaciones insurgentes distintas, que su agenda aporta y complementa la transición a la paz y que su sensibilidad por la participación de la sociedad es positiva en una coyuntura que necesita la movilización ciudadana en respaldo a ambos pactos de paz. Así lo advierte con razón el columnista Currea de Lugo: “No van a negociar de la misma manera que las FARC”. (“Las cuentas del ELN”. Víctor de Currea Lugo”. El Espectador, julio 15 de 2015, página 8). Y el ELN no puede equivocarse al desestimar la coyuntura histórica extraordinaria que vive el país, favorable para conseguir la solución política definitiva ante las insurgencias y al no entender que éstas no viven una fase acumulativa sino de resistencia y desgaste y que la necesidad de integrar los resultados de los proceso de paz en curso se debilitan, de manera que también afectan las propias posibilidades de su proceso de paz.

En la reciente reunión de la CELAC el presidente Santos de nuevo anunció la inminencia en abrir la mesa pública de negociación con el ELN, posiblemente en Ecuador, ojalá ahora esta nueva noticia se corresponda con un hecho inmediato. De lo contrario, se acrecienta el riesgo que advertimos de debilitamiento de la sinergia y confluencia del proceso de paz, del cual ya no cabe explicación dado que también el ELN ha declarado que el acuerdo inicial de agenda, metodología y dinámicas de trabajo está consensuado. Es de insistir en que se equivocan quienes ya anuncian el cierre total de la guerra y el advenimiento a la paz sólo a partir del pacto general de paz previsto con las FARC y desestiman o ven como un acuerdo adicional sin la trascendencia que también reviste la negociación y acuerdo de paz que habrá de conseguirse con el ELN.

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