La educación según Santos: de las promesas a las acciones.

07:54:00

Resumen balanceado de los anuncios, los programas novedosos, los avances y las lagunas en materia de educación básica y de educación superior – asuntos que en buena hora este gobierno ha destacado como prioritarios-.

Por: Francisco Cajiao / Razón Pública.

El pilar de la educación

Por primera vez en muchas décadas, el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 incluyó a la educación como un pilar fundamental para el progreso de la sociedad colombiana, junto con la paz y la equidad.

Cuando era candidato para su segundo período de gobierno, Juan Manuel Santos fue más lejos y se impuso como meta hacer de Colombia el país más educado de América Latina en 2025. Para esto ha puesto sobre la mesa varias propuestas y acciones, tanto en materia de educación básica como de educación superior, y que merecen ser evaluadas.

Educación básica

El diagnóstico sobre esta etapa de la educación parecería estar claro desde hace tiempo, y sin embargo las diversas evaluaciones nacionales e internacionales muestran que los remedios aplicados han resultado inocuos.

En el año 2000 todavía teníamos un atraso muy importante en cobertura, especialmente en educación secundaria y media, y en algunas regiones no se llegaba ni siquiera al 40 por ciento. En su momento se atribuyó buena parte de esta responsabilidad al modelo de financiación, modificado durante el gobierno de Andrés Pastrana por un acto legislativo y por la Ley 715 de 2001.

Después se decidió fusionar instituciones educativas de primaria con otras que tenían secundaria y media, con la doble intención de facilitar el acceso a los niveles siguientes y reducir el número de cargos directivos.

Algunas de estas estrategias trajeron buenos resultados en cuanto al aumento de cobertura y al ordenamiento administrativo del sistema, pero no mostraron ningún efecto positivo sobre la calidad.

Durante el primer período de Santos se diseñó y se puso en marcha un programa denominado “Todos a aprender”, dirigido a las instituciones de primaria que mostraban mayor atraso en las pruebas del ICFES. Según el Ministerio de Educación, gracias a esta iniciativa se invirtieron 300.000 millones de pesos entre 2012 y 2014, se beneficiaron 3.000 establecimientos de 52 entidades territoriales certificadas, así como 70.000 docentes y 2.300.000 estudiantes. Sin embargo, todavía no se conoce el impacto de esta estrategia sobre las pruebas de lenguaje y matemáticas, que fueron las dos áreas sobre las cuales trabajó el programa.

Otra causa de los malos resultados de la educación pública ha sido el sistema de doble jornada que se implantó desde los años setenta para aumentar la cobertura. Frente a esto, el candidato Santos se comprometió a establecer la jornada única de ocho horas.

En 2013 la Fundación Compartir auspició un importante estudio sobre la calidad de la educación que puso el foco sobre los maestros, cuyo desarrollo profesional es decisiva para la calidad de la educación. De allí se desprendió un conjunto de recomendaciones que el candidato-presidente se comprometió a estudiar y poner en práctica.

Los programas

Con todos estos elementos en la mano, el actual gobierno ha puesto en marcha las siguientes propuestas:

* Elaboración del índice sintético de calidad y evaluación sistemática de todos los planteles educativos públicos y privados;

* Adopción de la jornada única en la educación pública;

* Estímulo a los mejores bachilleres de los estratos más pobres a través del programa “Ser pilo paga”;

* Estímulo a los mejores bachilleres para estudiar licenciaturas en educación;

* Reglamentación de los programas de licenciatura para aumentar las exigencias de calidad y desarrollo de las competencias prácticas que requiere el docente; Elaboración de guías de trabajo académico en lenguaje y matemática para todos los grados, denominadas “derechos básicos de aprendizaje”.

Algunas de estas iniciativas tienen una buena probabilidad de instalarse en la cultura escolar, siempre y cuando se insista en ellas por lo menos durante cinco años.

Este es el caso del índice sintético de calidad, que permite a cada centro educativo compararse con él mismo y con otros de su entorno en los diversos niveles escolares. El índice es una herramienta muy poderosa que ofrece información no solo a los directivos y maestros, sino a los estudiantes y padres de familia. También es útil para los gobernantes locales, que pueden comenzar a preocuparse por el desarrollo educativo de sus comunidades de manera más específica.

El programa “Ser pilo paga” apunta en la misma dirección al estimular a las instituciones para que mejoren los resultados de sus estudiantes y les abran las puertas de acceso a las becas. Sin embargo, este programa tiene efectos controversiales sobre la educación superior, porque moviliza recursos cuantiosos hacia las universidades privadas al tiempo que no se percibe un gran avance en la financiación de las universidades públicas.

La propuesta de reforma a las licenciaturas mediante condiciones más altas de calidad y de práctica en el proceso de formación inicial de los maestros parece la de mayor impacto en el mediano plazo, pues apunta al eje fundamental de la formación de los profesionales de la pedagogía, que hoy es desastrosa.

Esto, sin embargo, tendrá que ser complementado con reformas que toquen el escalafón con modelos de evaluación del desempeño más exigentes. Atraer a los mejores bachilleres a la carrera docente y mejorar el nivel de preparación universitaria que se les ofrece implicarían mejorar las condiciones salariales de manera que sean competitivas para quienes alcancen niveles de excelencia.

Los derechos básicos de aprendizaje parecen un intento apresurado de reforma curricular, que no fue sometido a discusión suficiente y que toca apenas las áreas de matemática y lenguaje. Pero habrá que esperar a que la propuesta se decante para ver su real importancia.

Tampoco es posible por ahora adelantar una evaluación de la jornada única que se ha iniciado en algunas partes, pero algunos echan de menos un plan de contenido curricular para estas horas adicionales que vaya más allá de un refuerzo en español y matemáticas. Parece que en este caso se hubiera dejado de lado la necesidad de enfrentar a fondo el tema de una reforma curricular.

Sin duda existen muchas observaciones y críticas a algunos de los programas que se vienen desarrollando en materia educativa. Hay acciones que prometen un impacto importante en tres o cuatro años; otras parecen apresuradas, con más buenas intenciones que profundidad.

Aunque se hace énfasis en materias prioritarias como el inglés, preocupa el silencio sobre la enseñanza de la historia o las ciencias naturales. La primera es esencial para formar generaciones capaces de vivir en paz y comprender lo que nos ha sucedido en los últimos cien años; y las segundas son importantes porque habitar el planeta y prevenir su agotamiento implica comprender los fenómenos de la naturaleza.

Algunos dicen que al parecer toda la política educativa está marcada por el interés único de ingresar a la OCDE, para lo cual habría que obtener resultados exitosos en las pruebas internacionales a como dé lugar, sin suscitar una discusión seria sobre las necesidades reales de aprendizaje de nuestras nuevas generaciones.

Estas críticas se basan en la poca importancia que se da a temas como la convivencia, el arte o las llamadas “competencias blandas”, que hoy son reclamadas por los empresarios con más énfasis que los saberes específicos.

La educación superior

En la educación superior la situación ha sido menos clara, entre otras cosas porque el sector suele ser más exigente en los procesos de concertación de las políticas públicas.

Las medidas orientadas a ejercer el control y vigilancia efectivos sobre instituciones que han venido siendo cuestionadas han caído muy bien en la opinión pública, pues son muy grandes los esfuerzos que hacen las familias para pagar la educación superior en entidades privadas que luego hacen un uso indecente de los recursos.

Sin embargo, para algunos representantes de las instituciones resulta inaceptable la forma generalizada como los funcionarios se refieren a instituciones pequeñas o no acreditadas.

La propuesta del Sistema de Educación Terciaria, incluida en el Plan de Desarrollo, se ha venido presentando en múltiples foros y – no obstante las críticas iniciales de la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) - el Ministerio ha conseguido avanzar en una buena política de concertación, que sin duda hará que la iniciativa resulte beneficiosa para un sistema educativo desarticulado que da muy poco valor a la formación técnica.

En cambio, la idea de inventarse de la noche a la mañana un nuevo ranquin de universidades (el MIDE) produjo un rechazo generalizado, tanto de las universidades mejor calificadas como de aquellas a las que peor les fue. Es difícil entender para qué se necesita esta herramienta, cuando el ICFES ha desarrollado un instrumento mucho más poderoso e interesante que permite ver el aporte real que cada universidad es capaz de hacer a los jóvenes que estudian en sus aulas.

En resumen, no puede decirse que haya habido quietud o falta de interés del gobierno en la educación. Podrán discutirse las iniciativas o su forma de presentarse y ponerse en práctica, pero no se puede decir que el tema ha estado en un segundo plano.

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