Desempleo: homicida silencioso en Colombia.

12:27:00

Una visión seria e integral requiere considerar aspectos cuantitativos y cualitativos del mercado laboral, lo cual obliga a observar las características o atributos del empleo, especialmente su estabilidad.

Por: Andrés Gómez León / Portafolio

El suicidio representa la máxima expresión de infelicidad, es el resultado de situaciones extremas de insatisfacción, impotencia, incapacidad, tristeza y depresión. La OMS calcula que anualmente un millón de personas deciden quitarse la vida, y 20 intentos ocultos por cada suicidio efectivo. ¿Se entera de esto la economía?, ¿Puede la política económica aportar al manejo de esta situación?

Los factores económicos pueden ser causas significativas del suicidio. No son exclusivas, pero estar desempleado incrementa la probabilidad de ocurrencia. Las barreras para materializar el ingenio y la creatividad debido a la exclusión laboral, combinadas con angustias financieras, generan efectos negativos en el sentir de las personas.

La economía de la felicidad ofrece nuevas formas de entender el desempleo, empezando por reconocer que no solo trabajamos –afortunadamente– por dinero. Los desempleados pueden pasar por espectros que van desde el optimismo al fatalismo; desde el sentimiento de pérdida al de desmotivación, pasando por miedo, venganza, indignación, apatía, insensibilidad, adaptación, indefensión, ansiedad, depresión y en los más agudos de los casos, suicidio.

También sufren problemas de salud física y mental. Según Sen, los primeros se manifiestan en altas tasas de mortalidad, así como en mayor probabilidad de padecer pérdida del apetito e insomnio; los segundos se materializan en pérdidas de libertad, moral, valores sociales, aptitudes profesionales y motivación, así como con sentimientos de exclusión, persecución, ansiedad y depresión. Desde este último escenario solo falta un paso para suicidarse, estar desempleado implica sentirse improductivo en diferentes ámbitos. La comparación social en una sociedad de consumo incrementa el problema.

Al relacionar la tasa de suicidios con la tasa de desempleo en Colombia para el 2014, se observa en el gráfico adjunto una clara tendencia positiva para 20 departamentos del país.

El análisis concluye que el desempleo explica el 53 por ciento de la variación del suicidio en Colombia para el 2014. Departamentos como Quindío, Norte de Santander y Risaralda presentan mayor vulnerabilidad, mientras que La Guajira, Córdoba y Caquetá se ubican en el otro extremo. El ejercicio señala que un aumento del desempleo en 1 por ciento a nivel nacional, elevaría la tasa de suicidio en 0,43 por ciento.

Según la encuesta Latinobarómetro más reciente, los colombianos identificamos al desempleo como nuestro problema más importante, con 18,9 por ciento, por encima de males como inseguridad, pobreza o guerrilla. La medición del Dane en septiembre del 2015, arroja 9,0 por ciento de desempleo, aunque el criterio para su medición es laxo y permite ocultar buena parte, lo cual lleva a cuestionar el logro (inferior a dos dígitos) y preocupar a las autoridades en cuanto sus efectos potenciales.

La duración media del desempleo en Colombia es alta, 7,2 meses para las mujeres y 4,3 para los hombres. Un panorama desolador para los trabajadores que quedan cesantes, colocando a prueba su resistencia emocional y económica.

Adicionalmente, numerosos egresados van del sistema educativo al mercado laboral, haciendo indispensable diseñar políticas que aceleren las tasas de creación de empleo. Esto implica pensar en alternativas para los actuales cesantes y para los aspirantes, generando mecanismos que evidencien voluntad de seguimiento al problema. Las oficinas COlabora del Ministerio de Trabajo son un paso incipiente en la dirección correcta.

Impulsar capacitaciones para los aspirantes, dispositivos de seguro al desempleo decentes, leyes que favorezcan la estabilidad del empleo y programas de acompañamiento, focalizados en la salud mental de los desempleados, dados los altos riesgos que afrontan, demostraría intereses inclusivos sobre el recurso humano, aportando a la integralidad de la seguridad social como mecanismo construido por la sociedad para atender sus contingencias.

Según la OMS, los suicidios se han incrementado 60 por ciento en los últimos 45 años. Nuestra tasa de mortalidad por suicidio es de 4,33 casos por cada 100.000 habitantes, persistente en aumentos leves en los últimos años. ¿Esperaremos que la infelicidad de un porcentaje de cesantes contribuya al crecimiento de esta estadística? Los efectos del desempleo son indeseables para la generación de capital social en el país y contraproducentes con la necesidad de construcción de tejido social en un anhelado escenario de posconflicto.

No se trata solo de generar empleos, una visión seria e integral requiere considerar aspectos cuantitativos y cualitativos del mercado laboral, lo cual obliga a observar las características o atributos del empleo, especialmente su estabilidad. Pero cierto es, que para poder quejarse del trabajo, primero hay que tener uno.

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