La resistencia silenciosa de las comunidades del Sumapaz.

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Desde hace 3 meses, habitantes y campesinos de las veredas y poblaciones de Sibaté y Fusagasugá resisten de forma pacífica buscando abrir un puente de diálogo entre las organizaciones del orden municipal, departamental y nacional, y las comunidades, para buscar soluciones concretas frente a la grave problemática ambiental que representa la minería a cielo abierto en sus territorios.

Por: Cesar Andrés Rodriguez / Blog El Rio.

“Si en algún tiempo no muy lejano de nuestra historia el Narco y los Paramilitares se tomaron nuestros espacios, hoy en día son las Empresas Multinacionales; nunca nos hemos librado del lastre que nos gobiernen detrás de los gobiernos, que el poder esté detrás del poder, tiempos atrás fueron las armas ahora es el dinero”.  Así sentencian en sus comunicados oficiales las organizaciones Nuestro Páramo y Defensores del Territorio Ambiental, la lucha que han vivido en los últimos meses por proteger los ecosistemas de la región del Sumapaz de la extracción minera y la explotación de sus recursos naturales.
El drama, según la presidenta de la fundación Nuestro Páramo, Patricia Rodríguez, comenzó hace algunos años cuando las autoridades ambientales de Cundinamarca concesionaron gran parte del territorio del Páramo de Sumapaz y lo destinaron para grandes proyectos de explotación, extracción y urbanismo.  Entre las diversas firmas licenciadas para dichos proyectos, apareció la multinacional: Colombia Minerales Industriales S.A (COMIND), una empresa especializada en la explotación de arena sílice y filial del Grupo Minerali Industriali (Italia), la cual ubicó su centro de operaciones cerca de las veredas El Peñón y San Miguel (Sibaté).
En poco tiempo, las nocivas prácticas de extracción y los métodos artesanales de explotación utilizados por la empresa comenzaron a molestar a los campesinos y pobladores de las veredas. Según Rodríguez, COMIND constantemente ha infringido serios daños ambientales en los ecosistemas de la región además de la simple explotación a cielo abierto. El proceso de lavado del material, inicia con la extracción desmedida de las aguas cristalinas de la ‘Laguna Verde’, una de las más puras del mundo, la cual es alimentada directamente por el páramo y es considerada fuente de vida de la región. Posteriormente la arena es transportada en camiones de carga pesada, que afectan los suelos, y se lava en domos artesanales, cuyas aguas residuales son finalmente vertidas en una “piscina de residuos” construida sobre una zanja y cubierta con plásticos negros ya perforados.
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Como si no fuera suficiente, la fundación Nuestro Páramo, ha denunciado las graves y recurrentes técnicas de manejo de aguas residuales por parte de la multinacional en la zona. Al parecer, cada 8 días, especialmente en horas de poca concurrencia, la empresa abre una compuerta de la piscina de residuos y vierte, aguas abajo de las quebradas El Tractor y El Chuzcal, un agua residual sucia y verdosa, contaminada, según los estudios, por metales pesados como el aluminio y el silicio, producto de la extracción minera. La problemática se agudiza al extremo pues dichas quebradas son afluentes del Río Barro Blanco, uno de los principales cuerpos de agua de Cundinamarca y el encargado de abastecer al 70% de la población de Fusagasugá con el líquido vital.
Las comunidades de la región del Sumapaz se han unido en contra de las amenazas ambientales que ya comenzaron a destruir sus ecosistemas, sin embargo se sienten desprotegidas y no comprenden las actuaciones de la CAR, que, en polémicas decisiones, ha fallado a favor de los intereses de la empresa Italiana y otorgó otras licencias para la extracción en la zona. Por lo tanto, campesinos y habitantes libran una lucha pacífica y silenciosa desde hace más de 3 meses, exigiéndole a las autoridades ambientales que intervengan en su caso y que actúen frente a los estragos que han sufrido sus recursos naturales. Sin embargo, según Patricia Rodríguez, la única respuesta oficial de las instituciones ha sido el llamado al ESMAD para proteger los intereses de la empresa, ignorando completamente el clamor de la comunidad.
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 ”Los daños son irreparables. Los cerros y las fuentes de agua de la región podrían tardar siglos en recuperarse”, afirma la presidenta de Nuestro Páramo, quien también argumenta que la amenaza de diversas epidemias intestinales, como en ocasiones anteriores, se cierne ahora sobre los casi 170.000 habitantes de Sibaté y Fusagasugá, quienes dependen de las fuentes hídricas involucradas en la problemática. Por el momento la comunidad de la región del Sumapaz se encuentra en pie de lucha a la espera de resoluciones concretas por parte de las autoridades ambientales que garanticen la protección de sus recursos naturales y no atenten contra el desarrollo de sus vidas.

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