La economía pasó “raspando” 2015, pero se “rajará” en 2016.

04:46:00

La destorcida petrolera, la devaluación y la inflación de este año pusieron en evidencia la fragilidad de un modelo económico basado en exportar materias primas. La verdadera crisis vendrá en 2016.

Por: Diego Guevara / Razón Pública.

Un año de inflexión

Durante la última década (y salvo por el coletazo de la “gran recesión” de Estados Unidos en 2009) la economía colombiana no había tenido una desaceleración tan fuerte como en 2015.
El balance de un crecimiento del 2,9 por ciento del PIB en el primer semestre de este año, junto con un crecimiento esperado levemente superior al 3 por ciento para la segunda mitad del año, dejan al país con un gran sinsabor en el principal dato macroeconómico.
Si se tiene en cuenta que en algunos años de la década precedente se habían alcanzado niveles superiores al 5 por ciento de crecimiento gracias al boom de las materias primas, 2015 es un punto de quiebre en el ciclo económico colombiano.
El Ministro de Hacienda Mauricio cárdenas y el Gerente General del Banco de la República José Darío Uribe.
El Ministro de Hacienda Mauricio cárdenas y el Gerente General del Banco de la
República José Darío Uribe.
Foto: Ministerio de Hacienda 
Las predicciones de comienzo de año de los organismos multilaterales y del gobierno tuvieron que ser ajustadas a la baja. Si bien es cierto que hacia la mitad del año se pensó que 2015 cerraría con un crecimiento inferior al 3 por ciento, sectores como el comercio, los servicios financieros y la agricultura (por el contexto de la devaluación) jalonaron la economía levemente en el tercer trimestre del 2015.
Hace poco se conoció el dato de crecimiento para ese tercer trimestre: 3,2 por ciento. Pero como puede observarse en la Gráfica 1, en términos comparativos  el acumulado de 2015 no es nada alentador.

Gráfica 1. Crecimiento del PIB en el tercer trimestre del 2015 en relación con el mismo periodo de años anteriores
 Fuente: Dane (2015).
El crecimiento del tercer semestre ha sido celebrado por el gobierno nacional, tratando de alentar el optimismo ante el panorama económico inestable. Pero sectores como el financiero no son los más intensivos en empleo y el crecimiento de la industria y de la agricultura durante un trimestre no puede tomarse como síntomas de recuperación, más todavía cuando carecemos de una estructura productiva sólida y el déficit de cuenta corriente está en niveles históricos.
Por ahora el panorama del 2015 muestra una tendencia clara de desaceleración que sin duda alguna se hará más visible en 2016 ante la caída imparable de los precios del crudo, la normalización de la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos y las decisiones locales sobre tasa de interés para controlar la inflación.

No hay duda de que la principal causa de la desaceleración actual es haberse concentrado en el sector minero-energético sin generar encadenamientos productivos fuertes ni propuestas de industrialización en otros sectores.

Dependencia del petróleo   

Caímos otra vez en el pecado de ver las cifras a la ligera y celebrar los crecimientos superiores al 5 por ciento sin pensar de verdad en el futuro. En tiempos de vacas gordas no se construyó un proyecto serio que impulsara sectores claves para los tiempos de devaluación, y de hecho se adoptaron políticas irresponsables de apertura en algunos de esos sectores.  
Ante la caída en los precios del crudo durante 2015 (Gráfica 2), hoy asistimos a una destorcida en la economía colombiana que seguramente verá sus días más difíciles en 2016.
Gráfica 2. Precio del barril petróleo Brent a Noviembre de 2015
Fuente : Nasqad Database
Este año el precio del petróleo mantuvo la tendencia decreciente que había arrancado a finales del 2014, y en la última semana se tocaron precios de 36 dólares por barril. Habrá que preguntarse entonces: ¿si con un precio que osciló entre 45 y 70 dólares   durante todo el año la economía colombiana ha sentido un golpe tan fuerte, cuál sería la reacción ante un precio que llegara a estabilizarse por debajo de los 40 dólares en 2016?
El escenario sería muy dramático, y más cuando las proyecciones del gobierno nacional en su presupuesto han sido de entre 55 y 60 dólares por barril para el año siguiente.

La cuenta corriente y la devaluación

Extracción de carbón en Norte de Santander.
Extracción de carbón en Norte de Santander.
Foto: Ministerio de Minas y Energía
La caída en el precio del crudo y el menor ingreso de dólares tienen un efecto directo sobre otro de los indicadores macroeconómicos fundamentales: la cuenta corriente.
Si un país tiene un gasto mayor que lo que ingresa incurre en un déficit de la balanza de pagos. Actualmente para Colombia este déficit equivale al 6,2 por ciento del PIB- un nivel tan preocupante que incluso el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, considera  “insostenible”.
El precio reducido del petróleo significa menores ingresos para Colombia y un menor interés de los capitales por entrar al país. Si a esto se le suma la dificultad para aumentar nuestras exportaciones de bienes no primarios, el panorama de la cuenta corriente resulta  muy desalentador.
Este escenario causa escasez de divisas y, consecuentemente, una de las devaluaciones más altas de la región. La Gráfica 3 muestra cómo entre abril y agosto de 2015 se dio una tendencia creciente en la tasa de cambio representativa del mercado (TRM), que en los últimos días se ha vuelto a acentuar con niveles por encima de 3.300 pesos.
Este proceso ya puso a pensar al Banco de la República en un mecanismo para salir a vender dólares de manera que disminuya la volatilidad de la tasa de cambió, y para  enviar una señal que influya parcialmente sobre el precio del mercado.
En 2015 la devaluación ha sido un factor decisivo de inflación, puesto que una parte significativa de los bienes de la canasta familiar son importados. Adicionalmente, afectó a los comerciantes e importadores que han visto aumentos superiores al 30 por ciento en el costo de sus productos.
Esta magnitud no será para nada consistente con el aumento al salario mínimo para el siguiente año, que no será de más del 8 por ciento.
Gráfica 3: Tasa de crecimiento mensual de la TRM entre Febrero de 2014 y Noviembre de 2015
Fuente: Elaboración propia con Datos del Banco de la República


2015 será recordado como el año en que no fue posible cumplir con la meta de inflación en el rango fijado por el Banco de la República.

El sinsabor de la inflación

El fenómeno de la devaluación, junto con las expectativas sobre el fenómeno de El Niño, ha llevado los precios de los alimentos y otros bienes de la canasta familiar a un alza incontrolable. Esta tendencia alcista de los precios en un contexto de desaceleración puso al banco central en el dilema entre inflación y crecimiento.
Como se observa en la Gráfica 4, durante los primeros meses del año el Banco trató de mantener constante la tasa de interés mientras la inflación ascendía. Esta decisión inicial mostraba el dilema del Banco y un compromiso parcial con el crecimiento. Pero la intensa  presión del cabildeo financiero llevaría al Banco de la República a elevar su tasa de interés ante las nuevas presiones inflacionarias de la segunda parte del año.
Es claro que una política de alta tasas de interés bajará la inflación pero los efectos sobre el crecimiento y la recuperación están por verse en 2016.
Gráfica 4. Inflación y tasa de intervención del BanRep en 2015
Fuente: Elaboración propia con datos del Banco de la República

El estudiante mediocre

En resumen, Colombia va como muchos estudiantes universitarios que al final del año solo quieren el 3 en sus calificaciones (o el crecimiento del 3 por ciento). Desde el Ministerio de Hacienda se ha transmitido una sensación de tranquilidad con esta cifra, y se insiste en que Colombia sigue siendo de las economías que más crece en América Latina. Esto es cierto, pero en un contexto con la fragilidad actual hay que ser humildes en los pronósticos y en las celebraciones.
Se puede decir que el año se pasó “raspando” (como dicen los estudiantes). Pero no podemos alegrarnos del todo porque se han comprometido vigencias futuras y la lucha obsesiva contra la inflación tendrá un efecto recesivo.
Desafortunadamente, los macroeconomistas de la corriente cercana al monetarismo siguen creyendo ciegamente en la convergencia de los equilibrios de largo plazo y olvidan los rezagos que quedan en las otras dimensiones. Por otra parte, las políticas de austeridad inspiradas en la visión neoclásica de la economía en tiempos de crisis también reflejarán un complejo año 2016.
La austeridad, la desaceleración económica y los inicios de la era del posconflicto serán difíciles de combinar, y este será uno de los retos para el gobierno. No será nada fácil en la coyuntura actual la coherencia entre las políticas económicas y los acuerdos logrados en La Habana.
2015 se perfila como el inicio de un fase descendente prolongada en el ciclo económico, para lo cual no estamos blindados como se anunciaba en la “gran recesión” de Estados Unidos de 2009. Esta vez el la marea ha bajado y ha puesto en evidencia los problemas estructurales que no fuimos capaces de solucionar durante el boom.

*Profesor e investigador del Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID) de la Universidad Nacional. dieguevarac@unal.edu.co


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